El acto de ser follado

Pasaban muchas cosas por su cabeza, se sentía terrible pero también había conocido el arte de odiarse a sí mismo a medida que lo rechazaban. Sabía que era algo muy punitivo para su cuerpo y para su salud mental, pero estaba bien así. Prefirió seguir destruyéndose de forma silenciosa, primero por dentro. Sentía como se resquebrajaba en una línea recta, primero desde el interior hasta el exterior, nadie notaba nada, no había ruido, todo era silencio o ¿Tal vez no?

Sabía que podía buscar algo dentro de sí, una pequeña posibilidad de estar cerca de su forma más pura, de retornar, pero esta oportunidad se esfumaba conforme crecían sus responsabilidades y su conocimiento sobre el mundo. Por el contrario sus cicatrices mal cocidas se expandían poco a poco y quedaban abiertas como flores en primavera.

El acto de ser follado no es tan trivial como parece, él sabía que follar y ser follado eran cosas distintas, sin embargo no prestaba atención a esta importante diferencia después de todo sabía que sus emociones más perversas eran las que lo arrastraban a un océano de odio y de semen, mezclados saliva, sangre y heces fecales. El acto de ser follado era un acto doloroso porque desde el primer momento lo fue, y las situaciones subsiguientes serían una memoria de la primera.

Todo en su vida había sido una asquerosa equivocación. Comencemos por su enorme cara, era un gran globo de helio semejante a un holograma chino, con una sonrisa falsa, siempre alza, mejor hubiera canalizado bien sus emociones para buscar cosas dentro de sí que solo él las sentía propias, que solo él entendía. Rápidamente perdió el sentido de todo, ahora todo era nada. Su cuerpo era un bloque monolítico muy robusto, con piernas regordetas y abdomen abultado, sentía que su grotesca figura lo alejaba del mundo. La primera vez que vio Abaporu de Tarcila Amaral, se sintió tan identificado. Grotesco, con mucho color en la cara, con demasiada carne para su poca estatura, una sonrisa con dientes gigantes, una nariz ancha como un monolito del Lazón.

Muchas cosas estaban mal dentro y fuera de él. Pero el acto de ser follado, el acto de romper su espíritu, rompió también los secretos que había en él. Además de llenarse de culpa, salpicada en la cara con gotas densas, blanquecinas, lechosas, se mostró para siempre en una oscura alcoba donde todos los gritos se ahogaban, un cuarto lleno de espejos, en el barrio del placer.

-.-

Para amar existen muchas recetas, para ser violado y para ser puta, no. Para que no duela y la herida sane, en necesario, seguir abriendo el surco de manera que la tierra y las lágrimas cicatricen y conformen una costra para que la sangre merme. El acto de ser violado, busca dentro de sí algo que no existe… Pero ese era su problema si seguía algún camino o desaparecía de él, a veces no entiendo por qué se quejaba tanto, todos pasamos por episodios traumáticos en nuestras vidas y no andamos tristes todo el tiempo, ese hombre debe madurar. Supongo que el hedor a semen no se le quita con una simple ducha, pero con el tiempo tal vez huela a jazmín.

Me contó que enciende una pequeña lámpara en su recto, para no tener miedo al pecado. Así dormía tranquilo, hasta que soñaba y la lámpara se apagaba. Siempre era la misma imagen, el buscaba como la loca que era, la cura, la verga, la salida… todo como si fuera una sola cosa, siempre buscando con desesperación, mientras los gritos ahogados y la energía de la concentración en su objeto lo volvían ciego.

Yo le escuché decir antes de golpear la próxima puerta: “hoy me llamaron para rezar, yo dije que  no soy muy creyente, ¡ha! pero tampoco sirvo para puta, no me gusta que me metan duro y tampoco se me para con todo el mundo, soy un caso especial, un desastre especial”.

Anuncios